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El uso del café como bebida es originario de Arabia, desde donde se introduljo en Siria y Egipto. Más tarde llegó a Europa durante los siglos XVI y XVII. Se cree que los antiguos hechiceros asiáticos le atribuían a esta infusión poderes mágicos, posiblemente porque su componente activo (la cafeína) es un psicoestimulante que combate la somnolencia, a la vez que produce una leve sensación de euforia y bienestar. Esta mancia, tanto la lectura de los posos de café como de las hojas del té en las tazas, comenzó a practicarse en tiempos muy remotos en los pueblos árabes.
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