
Pocos usuarios saben que los costes de agua y electricidad durante el tiempo de vida del electrodoméstico son bastante más caros que el precio de compra del aparato, por lo tanto a la larga, los aparatos más ahorrativos resultan más económicos que el electrodoméstico más barato pero de alto consumo.
Se da la paradoja de que mientras en el interior de nuestros hogares los electrodomésticos nos ayudan a mantener un hogar limpio y confortable, fuera del mismo tenemos suciedad y degradación.
El frigorífico es el electrodoméstico que más energía devora en el hogar, así que su consumo energético es uno de los aspectos claves a la hora de adquirirlo o renovarlo. Afortunadamente, cada vez más fabricantes asumen la necesidad de reducir al mínimo coste el consumo y ofrecen frigoríficos que logran ahorros entre el 35 y el 50% de energía. Pero tan importante como este aspecto es el elemento utilizado como refrigerante y como propulsor de las espumas aislantes, los gases devoraozono o CFC.
La mejor solución, reconocida por un grupo cada vez más nutrido de fabricantes de "frío" es la tecnología Greenfreeze. Su única diferencia con los demás es que en vez de los gases que destruyen el ozono, emplean hidrocarburos simples, tanto como fluido refrigerante como en la espuma aislante. Greenfreeze no es una marca, es sólo una tecnología de frigorífico (impulsada por la asociación ecologista Greenpeace); gastan hasta un 80% menos que los tradicionales. Acertar con el tamaño adecuado del aparato es otro aspecto clave: con uno demasiado grande, que casi nunca se llega a llenar, se derrocha electricidad. Conviene, asimismo, instalarlo lejos de focos de calor (lo contrario puede aumentar el consumo de energía en un 15%), descongelarlo cuando la capa de hielo alcance un espesor de 5 a 7 mm (para que no se vea obligado a trabajar en exceso y regular adecuadamente la temperatura del termostato (1ºC de frío supone un aumento del 5% del consumo de energía).
Entre el 80% y el 90% de la energía consumida por la lavadora se emplea en calentar el agua. Para evitar esto se puede recurrir al lavado en frío y a la toma de agua caliente siempre que el calentamiento de agua provenga de un sistema menos perjudicial que la electricidad, como puede ser la energía solar. Otra forma de ahorrar energía es utilizar programas económicos y a carga completa. Limpiar periódicamente los filtros del agua prolonga la vida útil del aparato y optimiza su rendimiento. Por supuesto, hay que controlar también el uso de detergente (no por echar más la ropa saldrá más limpia).
Las lavadoras más evolucionadas detectan automáticamente la cantidad y tipo de ropa a lavar y consumen, en consecuencia, sólo lo que necesitan. Otro detalle a tener en cuenta a la hora de comprar una lavadora sería el que dispusiera de un sistema de condensación de vapores con lo que conserva el calor de la cuba y se incrementa el ahorro de electricidad.
Al igual que las lavadoras, un porcentaje muy alto del consumo de energía, se emplea para calentar el agua. Lavar los platos en frío supone un ahorro del 75% de la energía. Otras ayudas son ponerlo en funcionamiento sólo cuando esté lleno pero sin cargarlo en exceso ni superponer unas piezas sobre otras: lo más probable es que queden sucias y que haya que volver a lavarlas.
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