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Los parches transdérmicos se presentan como una forma sencilla de aplicación de sustancias cosméticas capaces de hacer llegar los activos hasta las capas más profundas de la piel. De esta manera, se obtienen resultados más rápidos que mediante otras técnicas.
La tecnología del parche se desarrolló durante la década de los 90, utilizándose únicamente en la industria farmacéutica aplicada a la medicina humana. Este nuevo método se basó en tres premisas básicas que favorecieron su progreso:
La piel es el órgano más accesible del organismo.
Con la administración de principios activos a través de la piel se elimina el efecto de primer paso provocado por el metabolismo hepático.
Se asegura el mantenimiento de los niveles terapéuticos.
Cómo funcionan
Cuando se emplea un parche transdérmico, se consigue una falta de oxígeno en la zona de aplicación, lo que provoca una vasodilatación de los capilares y, como consecuencia, un aumento de la absorción de las sustancias activas. Este mecanismo también facilita el transporte de estos activos hasta las capas más profundas de la piel, por lo que los efectos son más beneficiosos y más duraderos.
Las capas más externas de la piel (estrato córneo) están formadas por células deshidratadas y rodeadas de lípidos con un contenido en agua inferior al 20%, mientras que las capas más profundas tienen un contenido en agua del 60%. En la fabricación de los parches transdérmicos se tiene en cuenta esta estructura tisular, por lo que se incorporan agentes lipófilos para atravesar el estrato córneo y sustancias activas hidrófilas para llegar hasta la epidermis, químicamente compatibles.
Por este motivo, la principal particularidad de los parches transdérmicos es el elevado grado de penetración en la piel y, por lo tanto, la máxima eficacia de las sustancias activas.
Características
Estos resultados se obtienen gracias a la tecnología de última generación empleada en la fabricación de los parches transdérmicos, que tiene en cuenta todo lo comentado hasta ahora:
Aplicación oclusiva: el material utilizado en la fabricación del parche y sobre el que se depositan las sustancias activas es impermeable y oclusivo. Esto provoca la apertura de los poros y la vasodilatación de la zona de aplicación, por lo que es más fácil el acceso de las sustancias activas.
Máxima disponibilidad de los principios activos gracias al elevado grado de afinidad con la capa lipófila de la piel.
Cesión gradual de las sustancias activas: con este sistema se liberan gradualmente y se consigue la máxima absorción.
La mayoría de los parches transdérmicos están formulados para el cuidado de la piel seca, estropeada o envejecida prematuramente. Todos ellos, utilizados con regularidad, estimulan la capacidad de retención de agua, por lo que la piel mantiene su hidratación, elasticidad y firmeza. El poder de adherente del hidrocoloide permite una aplicación durante un tiempo mínimo de 2 horas, periodo en el que las sustancias activas penetran totalmente hasta las capas más profundas de la piel.
Para un efecto óptimo se recomienda un tratamiento de 2 a 4 semanas, aplicando los parches diariamente en las zonas interesadas.